La Joven Dolores

Entre todas las embarcaciones que han usado las miles de personas que han pasado el estrecho de Es Freus en las últimas décadas hay una que destaca entre todas las demás. Por su simbolismo, su estética y los años en los que estuvo en funcionamiento, no hay una barca de Formentera que esté tan presente en la memoria de los pitiusos como la “Joven Dolores”.

Construida en Tarragona en el año 1965, entró en funcionamiento ese mismo año para alegría y expectación de la población local, ya que fue el primer barco interpitiuso que permitía el transporte de hasta tres vehículos. La “Joven Dolores” era una preciosa barca de madera pintada de blanco con cubierta verde y la borda roja. La velocidad que alcanzaba la bar era inferior a los 10 nudos, lo que se traducía en que los trayectos tenían una duración de una hora y 30 minutos, el triple que los fast ferry que realizan sus travesía en la actualidad entre Ibiza y Formentera.

La Joven Dolores antes de comenzar un trayecto entre Formentera e Ibiza. Foto: sargantaniua.blogspot.com

La Joven Dolores antes de comenzar un trayecto entre Formentera e Ibiza. Foto: sargantaniua.blogspot.com

El transporte de coches

La Joven Dolores tenía capacidad para transportar en su proa hasta tres vehículos. Mirando las fotos es fácil imaginar que no sería una tarea fácil, teniendo que realizar auténticos tetris para conseguir que los coches tuviesen su espacio en el barco, compartido siempre con el resto del pasaje.

El transporte de coches a Formentera de antaño es totalmente diferente a la actualidad

El curioso tetris que había que realizar para transportar coches a Formentera en este mítico barco

Los coches subían por una pasarela de madera hasta la proa, quedando perpendiculares al barco. Una vez en cubierta, el coche era movido a pulso por miembros de la tripulación, permitiendo que un nuevo vehículo pudiera subir.

Historias y Leyendas

Esta embarcación ha quedado en el imaginario colectivo de ibicencos, formenterenses y de todos los turistas que visitaron nuestras islas en las décadas en que La Joven Dolores estuvo en funcionamiento. El barco comenzó su andadura entre las islas en mitad de la década de los 60, cuando los turistas empezaban a asomarse por Ibiza. Entre todos los visitantes destacaban los hippies que descubrían Ibiza y, a través de esta barca, viajaban a una isla mucho más auténtica que la pitiusa mayor: La Joven Dolores era la llave de entrada a un paraíso.

La Joven Dolores en el Puerto de La Savina

La Joven Dolores en el espigón del muelle del Puerto de La Savina

Son incontables las historias y anécdotas en las que la barca es protagonista: historias de amor que empezaron y acabaron en la ´Joven Dolores´, música y conciertos tuvieron lugar en cubierta, nacieron niños a bordo que no pudieron esperar a llegar al hospital de Can Misses en Ibiza y, sobretodo, que la barca nunca fallaba: su salida era puntual, aunque las condiciones del mar podían hacer que su trayecto se alargara más de lo deseado.

Portada del disco 'La Joven Dolores', de Christina Rosenvinge

Portada del disco ‘La Joven Dolores’, de Christina Rosenvinge

Su leyenda también ha alimentado la fantasía de múltiples artistas. Por ejemplo, la cantante Christina Rosenvinge tituló “La Joven Dolores” a su disco de 2011 tras haber oído algunas de las historias que rodean a la embarcación.

El fin de un mito

El cambio de siglo no le sentó nada bien a La Joven Dolores, que poco a poco fue cediendo el paso a nuevas embarcaciones, más rápidas y con mayor capacidad para hacer frente a la demanda de turistas ávidos de conocer Formentera. A pesar de la comodidad y velocidad de los actuales fast ferries que unen Ibiza y Formentera, es difícil imaginar una manera más auténtica de viajar a la pitiusa menor que a bordo de La Joven Dolores.

La Joven Dolores, en dique seco. Foto: Günter Jurgens

La Joven Dolores, en dique seco. Foto: Günter Jurgens

Desde 1995, la ‘Joven Dolores’ dejó de realizar sus servicios y nuestra protagonista fue remolcada a Denia para realizar una reparación pero, finalmente se decidió su desguace. Posiblemente, mantenerla como monumento hubiera sido el mejor homenaje para una barca que, pasados los años, aún permanece con gran recuerdo en la memoria de ibicencos, formenterenses y todos aquellos pasajeros que un día llevó a bordo.